Caracas.- La Conferencia Episcopal Venezolana consideró que aún con las restricciones en los templos y las medidas de bioseguridad, los sacerdotes se han convertido en un grupo de riesgos en medio de la pandemia del Covid-19.
Los llamados de prudencia y prevención surgen tras los recientes fallecimientos por coronavirus del presbítero Miguel Vargas de la Arquidiócesis de Caracas y los sacerdotes salesianos Luigi Verdecchia en la Arquidiócesis de Caracas y Bruno Masiero en la Arquidiócesis de Valencia, este último ocurrido este viernes 16 de abril.
Y es que desde la entrada de coronavirus al país, se han contabilizados 201 contagios y 24 fallecidos dentro de la iglesia católica entre los 2.002 sacerdotes que cumplen su misión religiosa en el país.
“Están priorizando su vocación al servicio de los demás, no han ignorado su misión como “médicos del alma”, aun con los riesgos de contagio y posibilidad de muerte que esto implica”, destacó la CEV en una nota de prensa divulgada en su página web.
La cifra de los contagiados representa el 10% del total del clero venezolano, mientras que los fallecidos a causa del virus retratan el 11,9% de los contagiados, y el 1,2% del total de presbíteros en el país.
Religión en medio de la pandemia
Al respecto de las circunstancias del clero en el país ante la pandemia, el monseñor José Trinidad Fernández, Obispo auxiliar de Caracas y Secretario General de la CEV, expresó que “la vida de la Iglesia no se detiene”, refiriéndose a que la misión continúa y la atención espiritual y social ha procurado continuar, tomando en consideración las medidas respectivas, especialmente la distancia, la desinfección y el uso de tapabocas.
Indicó que la Iglesia anima, acompaña y asiste sacramentalmente a los fieles, siguiendo los mecanismos de bioseguridad según como cada diócesis los ha asumido y adaptado a su realidad, con protocolos y directrices específicos, de acuerdo al comportamiento del virus en cada región. Afirmó que en los tiempos actuales “no estamos para llenar templos, sino para acompañar”.
Ante este panorama que vive el país y el mundo y la mutación del virus, monseñor Fernández aseveró que “lo mejor que se puede hacer es cuidarnos unos a otros”. Invitó a mantener la esperanza, pues “en la vida diaria Dios nos acompaña porque somos templo de Dios, Dios habita en el corazón, no puede haber lugar para la tristeza, la desilusión, el desencanto”.
En medio de una situación mundial crítica en cuanto a la pandemia y los temores y angustias que ella suscita, es también un tiempo en donde las personas necesitan acercarse más a Dios para consolar el espíritu, y los sacerdotes, en consecuencia, procuran responder a esta necesidad fundamental, entregando su humanidad, aunque procurando guardar las prevenciones necesarias.

