El Tigre.- Más allá de los daños materiales, el paso de la Onda Tropical N° 41 por el sur del estado Anzoátegui dejó huellas en la tranquilidad de decenas de familias.
Detrás de los techos afectados por el viento y los árboles caídos, los relatos de madres, abuelas y vecinos, muestran que su prioridad fue proteger a los suyos.
Morayma Guzmán, habitante del sector Mirador 1 en el municipio Guanipa, contó que se encontraba en su habitación arreglando la ropa cuando el impacto de un árbol contra la casa irrumpió en la calma de su hogar.
«Escuché ‘¡pla!’ y pegué un grito para llamar a mi esposo», recordó, con la emoción aún a flor de piel.
Pese a los destrozos en el porche y la estructura de la vivienda, sostuvo una mirada optimista. “El material se recupera paso a paso; lo importante es que estamos vivos».
Yosmeri De Trujillo, habitante del sector Ezequiel Zamora, mostró su instinto maternal que la llevó a proteger a su hijo en el momento de mayor fuerza del vendaval.
«Me hinqué y me puse sobre mi niño para cubrirlo», contó, mientras agradecía que, pese al susto y la caída de un árbol a pocos metros, su familia se mantiene unida y a salvo.
*En El Tigre, Marisol Ascanio de 70 años, residente del sector Simón Bolívar 1, vivió los momentos de intensa angustia cuando las ráfagas de viento levantaron partes del techo de su hogar y un gran árbol cayó sobre la estructura, mientras dormía.

Entre lágrimas, su principal preocupación no era su propia casa, sino la suerte de sus seres queridos. “Le pedí misericordia a Dios…pero me duele mi hija, ella quedó peor que yo, se le alzó todo el techo y se le mojó todo. Quisiera que la ayudaran».
Su hija Mariela Ascanio, habitante del sector La Charneca, relató el esfuerzo físico y desesperado que realizó junto a su hija pequeña para evitar perderlo todo.
«Nos mojamos en plena lluvia tratando de aguantar el techo con unos tubos para que no se volara completo», explicó.
A pesar de haber resultado lesionada en un brazo por la fuerza ejercida. «Gracias a Dios mi hija estaba conmigo y no enfrentó esto sola».
Otros testimonios como el de Gladys Rodríguez, habitante del Callejón Viviano Carneiro en el sector Casco Viejo, ilustra la incertidumbre de los adultos mayores que temen por la seguridad de sus viviendas tras la suspensión del servicio eléctrico y la amenaza de vegetación inestable.
En esta zona ya un árbol colapsó , otros pueden ceder y causar afectaciones en viviendas y parte del tendido eléctrico.
«Anoche tuvimos que salir de nuestra casita por miedo a que nos cayera una mata encima», relató, mientras pedía empatía y apoyo institucional para prevenir una tragedia mayor en su comunidad.
Hoy, estos hogares no solo aguardan por láminas de zinc o ayuda técnica, sino que agradecen no haber sufrido daños físicos de gravedad, mientras esperan la ayuda de entes gubernamentales.

Fotos: Sergio Salazar

