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«Sangre de Laurel y Polvo en el Camino»

Brillaba el sol de julio en la academia, marcando el paso firme del honor, el sable en alto, el joven Alberto Enrique Verde Graterol. Alférez Mayor de una estirpe trujillana, primero en la fila de la fiel promoción, miraba el futuro con luz de mañana, llevando en el pecho la patria y la acción, la muerte lo acechaba con sombra impía, en las rutas del oriente, allá en Aragua de Barcelona.

Aquel 24 de Septiembre de 1969, se tiñó la calzada, cuando el fuego insurgente emboscó su marchar, cayó el teniente de estampa dorada, y sus tres soldados al mismo altar: Núñez, Arriojas, Gómez Gotilla, con su comandante marcharon a la Eternidad, la patria lloró aquella tarde, al toque callado de un triste clarín. Hoy queda el recuerdo del sable invicto, del primer lugar que la muerte llevó, un héroe esculpido en un mármol bendito, cuyo nombre en la historia jamás se borró.
Dejando una imborrable huella en la eternidad en tierras orientales…

Cnel. Nelson Alberto Verde Coronado

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