El Tigre.- Detrás de las frías cifras que dejan los recientes sismos en Venezuela, más de dos mil fallecidos, miles de heridos y comunidades enteras damnificadas, hay historias de entrega absoluta.
Una de ellas se escribe con el uniforme azul y blanco de la Cruz Roja Venezolana, Seccional El Tigre, cuyo personal se ha desplegado en La Guaira y Caracas para brindar apoyo a los afectados.
La respuesta de la filial oriental ha sido inmediata y constante durante la última semana. Hasta el momento han salido dos contingentes de socorristas hacia la zona de desastre y se espera que en las próximas horas parta un tercer grupo de voluntarios dispuesto a dar el relevo y redoblar los esfuerzos en el terreno.
Para los voluntarios, dejar la tranquilidad de sus hogares en el oriente del país no fue una decisión dudosa, sino un impulso natural guiado por la vocación.
En un material audiovisual compartido por la red humanitaria en sus redes sociales, Daniela Somarra, socorrista del municipio Simón Rodríguez en Anzoátegui, refleja ese espíritu de solidaridad colectiva que arropó a la institución desde el primer minuto.
“Siento que desde muy pequeña está el sentir humanitario. El estar en El Tigre y saber que esto pasó aquí y necesitaban ayuda… todos querían venir. Era como necesitaban ayudar a las personas”, dijo.
Para Daniela, la labor va mucho más allá de vendar heridas visibles, se trata de sostener a un país en shock. “Muchas personas que llegan aquí al centro es por lesiones físicas. Pero más que las lesiones físicas, es el primer auxilio psicológico. Todas las personas vienen con una distinta dolencia y siento que es mucho más allá de lo físico, lo mental», explicó.
Además hizo hincapié en que el equipo está capacitado para brindar ese soporte emocional tan crítico en estos momentos, trabajando mano a mano con psicólogos en la zona.
Más rostros
El cansancio físico es evidente, pero la voluntad se mantiene intacta. José Gregorio Moronta, otro de los rostros de El Tigre en el frente, cumple ya tres días de labor ininterrumpida en una realidad que muchos testigos comparan con la dureza de la tragedia de Vargas.
A pesar de las jornadas extenuantes, Moronta resume el sentir de sus compañeros con una claridad conmovedora “Es inmensa la cantidad de personas que requieren de ayuda. Pero con amor hemos estado atentos», dijo.
Hoy, el contingente de El Tigre demuestra que la distancia no es una barrera cuando el dolor del prójimo convoca. Cada mano que parte desde Anzoátegui lleva consigo la promesa de no dejar solos a los venezolanos que lo han perdido todo.

