PÍRITU.- El Santuario de la Inmaculada Concepción de Píritu constituye, sin duda alguna, una de las más importantes joyas arquitectónicas del período colonial en nuestro país.
El templo es de líneas sencillas y sólida estructura, construido sobre una eminencia que domina el paisaje circundante, con altos y gruesos muros, planta rectangular y techo a dos aguas, con tres grandes portones (uno al frente y a cada lado) y pequeñas ventanas alrededor (tres en el frontón y un par en ambos costados), además de una torre campanario de base cuadrada y tope piramidal que se funde con la fachada.
Ciertamente, al observar con detenimiento a este hermoso templo, se nos hace evidente el deseo o la intención de sus constructores de querer levantar un edificio fortificado y fácilmente defendible que garantizara la integridad de los misioneros y los habitantes del lugar.
En su interior se observan tres naves. La central está separada de las laterales por dos columnatas. El altar mayor está decorado con un retablo ricamente ornamentado en rojo y dorado, y ha sido fechado hacia 1745. El bautisterio se encuentra al lado derecho de la entrada, en la base de la torre, desde donde parte la escalera que lleva al coro y al campanario.
En el exterior puede verse un amplio enrejado de forma circular, techado, que protege al aljibe, una antigua fuente de agua dulce; siendo ello, seguramente, una de las razones que determinaron la construcción del templo en este lugar, lo cual se llevó a cabo entre los años 1674 y 1745.
Su construcción fue iniciada por fray Salvador Romero, los cuales serían concluidos mucho tiempo después por fray Cristóbal Martínez.
El Templo de Píritu fue restaurada entre 1953 y 1954 por el arquitecto Graziano Gasparini, y elevada a Santuario Mariano Diocesano el 25 de noviembre de 1954, por Monseñor Juan José Barnal Ortiz, para ese momento Obispo de Guayana. Poco después, el 2 de agosto de 1960, es declarada Monumento Histórico Nacional.

