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OPINIÓN.- Sobre los impuestos: Una reflexión Municipal

Por: Milagros Mata Gil

(A propósito del 6to. Aniversario del SAMAT)
Keywords: Política Municipal, El Tigre, impuestos, tributos, contribuyentes

RESUMEN:
Los impuestos tienen una larga tradición y se remontan a unos 5 mil años. Su finalidad es el financiamiento de los gastos públicos con el aporte de los contribuyentes de una comunidad que posean patrimonio, hagan circular bienes y servicios o adquieran rentas. Hace seis años se conformó una oficina en El Tigre dedicada a la recaudación y administración de los impuestos municipales. Ahora, el señor Humberto Raydán, responsable de esa oficina, informa que todo el asunto tributario se puede manejar desde un sitio web. Eso implica no solamente la comodidad del contribuyente sino la posibilidad de disminuir y adecentar la burocracia administrativa.

I.
Los impuestos son contribuciones que demanda la administración pública. Se pagan estas contribuciones por negocios, actos o hechos que pongan de manifiesto la capacidad contributiva del sujeto pasivo (es decir, el sujeto económico que tiene la obligación de colaborar) como consecuencia de la posesión de un patrimonio, la circulación de bienes o la adquisición de rentas y otros ingresos.
En un documento escrito por el sabio hindú Manu hace 3 mil años se lee: “Para que la dura obligación de pagar impuestos no sea injustamente sentida, los tributos deben considerar los ingresos, pues no es justo que el ciudadano que gane 100 rupias pague lo mismo que el que gane 1.000 o el que gane diez veces mil”. Es decir, desde los remotos días, la medida justa de los impuestos se acerca a una justicia distributiva, y deben corresponderse con una redistribución de las rentas que son percibidas por el poder político con la intención de hacer también más justa la sociedad, vigilando que el criterio de solidaridad sea racional y atienda el fomento del enriquecimiento y el bien común, pero que no influya negativamente, por abuso, en el esfuerzo que se despliega en la producción, desarrollo y fomento de la riqueza por parte de los contribuyentes.

II.
Las leyes tributarias son muy antiguas y se remontan a grandes conglomerados de civilización como Egipto, China y Mesopotamia. Entre los griegos, los impuestos más importantes eran las elsphora y entre los romanos, las portoria. Generalmente, los reyes de aquellos tiempos podían mantener la estructura de sus Estados, así que los impuestos se invertían en obras públicas y guerras defensivas o expansivas. Por lo demás, épocas de gran florecimiento cultural, como la de Atenas en el siglo de Pericles, el Renacimiento o el boom cultural de los 60, 70, en Francia, sobre todo, han sido sostenidas por los tributos de sociedades en ascenso económico. En la actualidad, los impuestos no solamente sostienen la carga burocrática de la administración pública sino que se orientan hacia áreas socialmente sensibles como la salud, la educación y la seguridad y defensa. En teoría.

Es decir, cuando declaramos y pagamos el Impuesto Sobre La Renta, o cada vez que nos recargan un porcentaje por la adquisición de un producto, estamos contribuyendo directamente al pago de sueldos y salarios de todo el personal de la administración pública, desde el Presidente hasta el bedel que limpia en una escuela rural. Esos son impuestos ineludibles, quizás a veces disminuibles, pero obligatorios y universalmente aceptados (resignadamente) por toda la población.

III.
El Tigre, como sabe la mayor parte de la gente, surgió como pueblo debido a la exploración y explotación de la industria petrolera. Eso permitió que por vía impositiva se consolidaran el comercio, las urbanizaciones, la industria, la agricultura y la agroindustria y se generara un gran ingreso tributario. Hasta eso implicó que en algún momento de su historia, más o menos desde la segunda mitad de los años 60 se convirtiera en un foco de expansión artístico-cultural y que aparecieran instituciones que tanto en términos de formación como de creación colocaran esta población en un mapa cultural muy señalado y con manifestaciones y producciones modernas y de gran calidad. No es el momento de señalar aquí el polvo y la luz crepuscular que se derraman sobre todo eso hoy.

Es muy bueno el hecho de que hace seis años se conformara una oficina dedicada a la recaudación de los impuestos municipales y, es de suponer, a la administración de esa recaudación. Porque la Alcaldía y la Cámara Municipal, sus ejecutivos y equipos, dependen casi absolutamente de los pagos de impuestos de los ciudadanos tigrenses. Es decir, cada vez que se limpia o arregla la casa que es la ciudad, ese dinero sale en teoría de los que comercian, trabajan, producen o simplemente habitan en El Tigre. En teoría.

IV.
Personalmente, diré por aquí que procuro pagar mis tributos. Por aquello que dice la Escritura de “dar al César lo que es de César”, pero también porque mi padre, que era un hombre educado bajo la rígida manera de mi abuela inglesa, me inculcó que era mi obligación “pagar todo”, incluyendo los impuestos. Las leyes no me obligan, ya que pensionados y jubilados estamos exentos por la edad. Pero si obtengo una ganancia adicional a mi pensión y jubilación la declaro y hago los pagos correspondientes, que, por lo demás, son mínimos. Eso me permite una ganancia moral y ciudadana: puedo mirar de frente a un funcionario con la certeza de que de cierta forma estoy pagando su salario.

En cuanto a los impuestos municipales, en cuanto regresamos mi hija y yo de Barquisimeto y adquirimos esta casa y esta tierra donde habré de habitar, tal vez, hasta el fin de mis días, fuimos al SAMAT a pagar los derechos de frente y cualquier otra cosa que surgiera. Era tan barato que pagamos un año completo y hasta otro. Aunque era fastidioso el tráfago de las oficinas y la burocracia.

Ahora, el señor Humberto Raydán informa que todo el asunto tributario se puede manejar desde un sitio web. En estos tiempos, eso implica no solamente la comodidad del contribuyente, que es lo menos importante, sino la posibilidad de disminuir y adecentar la burocracia administrativa. No he ingresado aún a esa página, pero lo haré, ya que mi hija me pidió que cancelara el otro año de derecho de frente y lo que fuera. Y lo voy a hacer porque quiero constatar su funcionalidad, y también porque quiero cooperar de esa manera modestísima, pagando mis impuestos, con los programas sociales que está realizando la Alcaldía. Especialmente porque hacen el bien sin mirar a quién. No he visto discriminación, ni exigencia partidista, ni solicitudes de juramentos de lealtad. Y si a mí me lo exigieran, que no lo harán, no dudaría en gritarlo a los cuatro puntos cardinales. Porque, como le expliqué en estos días a una amiga chavista (porque alguna tengo) mi única arma es la escritura y la potencia de voz que me da su ejercicio durante más de medio siglo.

El Tigre, 22 de agosto de 2020

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