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Barreto Sira: Pacientes crónicos están en peligro en medio de la cuarentena

Prensa Gobernación de Anzoátegui

Barcelona.- Durante la reinauguración y reacondicionamiento integral del Ambulatorio de El Rincón, en el municipio Sotillo, el gobernador de Anzoátegui, Antonio Barreto Sira, denunció que los «pacientes crónicos están en peligro en medio de la cuarentena».

Precisó que los pacientes renales, diabéticos, hipertensos y cardiópatas están a la merced de sus dificultades de salud, debidos a que un número importante de éstos no han podido adquirir medicamento o la realización de sus tratamientos médicos.

«Cómo los familiares de un paciente con problemas cardíacos pueden trasladarlo a un hospital cuando sufra un infarto, si no tienen gasolina en sus vehículos; cómo los hijos de un paciente diabético puede auxiliarlo ante un estado de coma; y como el estado puede ayudarles cuando permanentemente tenemos problemas para el abastecimiento de combustible en nuestras ambulancias».

Barreto Sira subrayó que el país vive una crisis debido a los riesgos que encierra el Covid-19, sin embargo añadió que tal situación no puede ser la excusa para dejar abandonados a los demás enfermos con otras patologías.

«En este momento tenemos más muertes por problemas renales o cardíacos que por Coronavirus en todo el país. Por ende, exhorto a Caracas a generar respuestas que permitan proteger a quienes sufren de las más diversas patologías».

El mandatario informó que desde el equipo regional de control sanitario y epidemiológico se monitorean otros peligros a la salud pública como los casos de Paludismo, Sarampión y otros males que amenazan la integridad de los anzoatiguenses.

Precisó que así como la población necesita alimentos para soportar la cuarentena, de esa misma forma le urge la distribución de medicamentos para atender las necesidades de salud de miles de pacientes que no pueden salir de sus casas o ya no tienen recursos como adquirir sus tratamientos.

«No sé si en Miraflores lo ignoran o se hacen los locos, pero en algunos casos las pastillas para tratar tal o cual enfermedad cuestan uno, dos o hasta tres salarios mínimos. Por esto muchos de nuestros jubilados tienen que decidir entre suspender sus medicinas o morirse de hambre».

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